Buenos días Infantil 22-26 octubre

LUNES 22 OCTUBRE

Comenzamos una nueva semana y un nuevo día, y lo hacemos con la alegría de saber que Dios ha puesto en nuestro corazón la capacidad de hacer el bien, la capacidad de ser EMPÁTICOS. Y, ¿cómo es un niño EMPÁTICO? ¡Pues vamos a descubrirlo!

  • Está atento a los demás (qué les pasa, cómo se sienten)
  • Sabe escuchar
  • Es amable.
  • Siempre está dispuesto a ayudar a los demás.
  • Tiene un gran corazón y se preocupa sinceramente por los demás.

¿Somos niños y niñas empáticos? Vamos a ver un bonito cuento en un vídeo y vamos a descubrir si su protagonista es empático y si somos o no como él.

Rezamos:

Jesusito de mi vida, Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

María Auxiliadora de los cristianos…

MARÍA AUXILIO DE LOS CRISTIANOS, RUEGA POR NOSOTROS.

En el nombre del Padre, del hijo y del Espíritu Santo.

MARTES 23 OCTUBRE

Si somos empáticos somos AMABLES con los demás. Vamos a escuchar una bonita historia al respecto. “El elefante Bernardo”.

MARÍA AUXILIO DE LOS CRISTIANOS, RUEGA POR NOSOTROS.

En el nombre del Padre, del hijo y del Espíritu Santo.

MIÉRCOLES 24 OCTUBRE

Si somos empáticos somos niños que ESCUCHAMOS a los demás. Vamos a ver qué sucede a los personajes de este vídeo, si saben o no escuchar y si somos como ellos o no.

MARÍA AUXILIO DE LOS CRISTIANOS, RUEGA POR NOSOTROS.

En el nombre del Padre, del hijo y del Espíritu Santo.

JUEVES 25 OCTUBRE

Si somos EMPÁTICOS, ayudamos a los demás.

Vamos a escuchar una bonita historia sobre un niño que descubrió que ayudando era más Feliz.

Había una vez un niño listo y rico, que tenía prácticamente de todo, así que sólo le llamaba la atención los objetos más raros y curiosos. Eso fue lo que le pasó con un antiguo espejo, y convenció a sus padres para que se lo compraran a un misterioso anciano. Cuando llegó a casa y se vio reflejado en el espejo, sintió que su cara se veía muy triste. Delante del espejo empezó a sonreir y a hacer muecas, pero su reflejo seguía siendo triste.
Extrañado, fue a comprar golosinas y volvió todo contento a verse en el espejo, pero su reflejo seguía triste. Consiguió todo tipo de juguetes y cachivaches, pero aún así no dejó de verse triste en el espejo, así que, decepcionado, lo abandonó en una esquina. “¡Vaya un espejo más birrioso! ¡es la primera vez que veo un espejo estropeado!”
Esa misma tarde salió a la calle para jugar y comprar unos juguetes, pero yendo hacia el parque, se encontró con un niño pequeño que lloraba entristecido. Lloraba tanto y le vio tan sólo, que fue a ayudarle para ver qué le pasaba. El pequeño le contó que había perdido a sus papás, y juntos se pusieron a buscarlo. Como el chico no paraba de llorar, nuestro niño gastó su dinero para comprarle unas golosinas para animarle hasta que finalmente, tras mucho caminar, terminaron encontrando a los padres del pequeño, que andaban preocupadísimos buscándole.
El niño se despidió del chiquillo y se encaminó al parque, pero al ver lo tarde que se había hecho, dio media vuelta y volvió a su casa, sin haber llegado a jugar, sin juguetes y sin dinero. Ya en casa, al llegar a su habitación, le pareció ver un brillo procedente del rincón en que abandonó el espejo. Y al mirarse, se descubrió a sí mismo radiante de alegría, iluminando la habitación entera. Entonces comprendió el misterio de aquel espejo, el único que reflejaba la verdadera alegría de su dueño.
Y se dio cuenta de que era verdad, y de que se sentía verdaderamente feliz de haber ayudado a aquel niño.

Y desde entonces, cuando cada mañana se mira al espejo y no ve ese brillo especial, ya sabe qué tiene que hacer para recuperarlo.

 

Reflexión: La verdadera alegría y felicidad la encontramos cuando ayudamos a los demás.

MARÍA AUXILIO DE LOS CRISTIANOS, RUEGA POR NOSOTROS.

En el nombre del Padre, del hijo y del Espíritu Santo.

VIERNES 26 OCTUBRE

Si soy EMPÁTICO estoy atento a los demás: qué les pasa, cómo se sienten…

Vamos a escuchar un bonito cuento al respecto.

EL OSO POLAR Y EL OSO PARDO

Había una vez un oso polar y un oso pardo que vivían en un zoo. Cada uno tenía su propio espacio, adaptado a sus necesidades. Al oso pardo le habían recreado el hábitat de un bosque junto a una pequeña montaña. Mientras que al oso polar le había construido una increíble reproducción del Polo Norte.

Al principio, cuando los osos llegaron, causaron un gran revuelo, y todo el mundo quería verlos. Sin embargo, con el paso del tiempo, casi nadie iba a ver al oso polar porque en su casa hacía mucho frío, y se entretenían viendo al oso pardo.

Un día, el oso pardo oyó a unos niños decir que él era mucho mejor que el oso polar. Al principio, al oso pardo le encantó la idea de ser el mejor de los dos, y se pavoneaba delante de los visitantes. Y así fue consiguiendo cada vez más y más visitas.

Al cabo de pocas semanas, el oso pardo había logrado atraer la atención de todos los visitantes. El oso pardo era feliz. Pero entonces, escuchó a los veterinarios del zoo decir que el oso polar estaba tan triste que temían por su vida.

– Morirá de pena si no hacemos algo -dijo uno de los veterinarios.
– Si consiguiéramos que la gente fuera a visitarlo, tal vez podríamos salvarlo -dijo otro de los veterinarios.

El oso pardo se sintió muy culpable en ese momento. Había acaparado la atención de todos los visitantes para demostrar que era el mejor.
– Tengo que hacer algo por mi compañero -pensó el oso pardo-. Al fin y al cabo, los dos somos osos, aunque pertenezcamos a especies distintas. No puedo dejar que esté así de triste. Tengo que ayudarle.

El oso pardo decidió esconderse y no salir. Pensó que así la gente iría en busca del oso polar. Una parte del plan funcionó, ya que consiguió que la gente fuera a visitar al oso polar. Pero cuando lo veían tan triste y deprimido se marchaban o, aún peor, le gritaban y le decían cosas feas.

Todo esto llegó a oídos del oso pardo, que se escondía cerca del vallado para escuchar lo que pasaba.
– Esto no funciona -pensó el oso-. Tendré que hacer otra cosa.

Con mucho esfuerzo y paciencia, el oso pardo consiguió abrir un hueco escarbando por la noche por debajo de las vallas de su jaula, cuando nadie le veía. Por la mañana, tapaba el agujero con hojas y ramas para que no le descubrieran.

Cuando consiguió salir, el oso pardo se fue a la jaula del oso polar, que se puso muy contento al ver que tenía compañía. Ambos osos se abrazaron y empezaron a jugar toda la noche. Al amanecer los visitantes los encontraron durmiendo uno al lado del otro en la misma jaula y, entusiasmados, se agolpaban para ver aquella escena tan pintoresca.

– Tengo frío -dijo el oso pardo. Creo que debería irme a mi bosque.
– Pero… ¿significa eso que volverás a visitarme? -preguntó el oso polar.
– Por supuesto – respondió el oso pardo.

Desde entonces, los dos osos reciben muchas visitas, incluso más que antes. Y a menudo los dos osos se visitan mutuamente y lo pasan en grande jugando juntos.

MARÍA AUXILIO DE LOS CRISTIANOS, RUEGA POR NOSOTROS.

En el nombre del Padre, del hijo y del Espíritu Santo.

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